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miércoles, 15 de septiembre de 2010

57.000 liberados sindicales y la trulencia de Libertad Digital

Hace más de una año, una diputada del PP se propuso hacer una de tantas cosas que el PP no hizo durante sus ocho años en el gobierno: tratar de averiguar cuantos liberados sindicales hay en la administración pública.

Pasado ya el año, lo que el PP no fue capaz de proponerse averiguar cuando estaba en el poder, continúa siendo un misterio de dimensiones planetarias.

Según la COE, la patronal, cuyos datos no deberían ser muy cuestionables, aunque también es cierto que deben estar encantados con los actuales sindicatos, sus liberados y el gobierno socialista que les financia el despido con dinerito público, en el sector privado hay unos 2.400 liberados sindicales.

En su conjunto, en España hay la friolera de unos 250.000 delegados sindicales. Por experiencia, hay que avisar de que muchos de estos delegados sindicales son encargados, pues en las empresas pequeñas poca gente quiere ser delagado sindical. La Ley regula el número máximo de pesuntas horas laborales que dedicarán a temas sindicales.

Como parte de la truculencia general que padecemos con los medios informativos, Libertad Digital, se despacha con las cuentas de la lechera, suma las horas anuales de los delegados sindicales, las dividen por las horas totales trabajadas según la Ley por un trabajador durante un año, y así les sale el equivalente a 57.000 liberados sindicales.

El cálculo no se puede hacer así por la sencilla razón de que hacer eso equivale a sumar todas las horas de los pasajeros que han volado durante un año en aviones españoles, dividirla por 24 horas, el resultado nos da un números de días, esto se divide por 365 días y la conclusión de Libertad Digital será que 100.000 personas se han pasado todo el año volando sobre España sin pisar tierra.

Hay algo enfermizo en la derecha y la supuesta izquierda de este país, en toda la clase política, que los lleva a suponer que la gente es rematadamente tonta. Pero como ellos no son muy listos, la única forma posible en la que ellos pueden parecen algo inteligentes es reducirnos al resto a un estado de subnormales profundos, y así no se va a ninguna parte.

Los políticos y sus comisarios políticos de la prensa, independientemente de que los sindicatos también van en el mismo saco, dan vergüenza ajena. De pena.