Alguien, por el camino, había puesto la diferencia en el precio para que ella pudiera comprar su radio por seis dólares.
En la energía nuclear, esa nergía que se nos predica barata, la más económica, la más segura, la más interesante para el complejo industrial-militar, también tiene su exteriorización de costes.
Como es un tema político, nadie está interesado en contar los costes reales de la energía nuclear. Sólo los ecologistas lo hacen.
Tras la desastrosa gestión de la crisis nuclear japonesa, donde uno de los países más desarrollados y disciplinados del planeta, ha dejado el futuro de miles de kilómetros cuadrados, incluso del planeta, en manos de lo que decida, por su propio interés corporativo, una empresa privada llamada Tepco, pues por fin, parece que la externalización de la energía nuclear, podrá ser cuantificada.
Tepco, la empresa operadora de la planta nuclear de Fukushima, ha trasladado a los habitantes de las diez ciudades próximas a la central una indemnización económica por lo sucedido, que no es otra cosa que el perder sus casas y tener que alejarse de la central.
La población de Namie ha decidio no aceptar la indemnización de Tepco, de 20 millones de yenes, el equivalente a 180.000 euros. Quizás el alcalde de Namie ha hecho mal porque con esos 180.000 euros podría haber comprado una casa embargada, de esas que ahora se ofrecen en España como peladillas a los inversores extranjeros. El asunto es que con una población de 20.000 habitantes, la indemnización de Tepco es de 1000 yenes, 9 euros, por residente. Con esto se pueden comprar una radio china, seguir las noticias, y aún les sobran más de 3 euros para comprar... varios cafés siempre que lo hagan en el Congreso de los Diputados de España, que sale mucho más barato que en la calle.
Sabiamente, el alcalde de Namie ha aclarado: “con esta cantidad las personas afectadas no pueden vivir”. Ya, ya, ya lo sabemos. Pero pueden oír la radio. ¿No?
Ante la ola de indignacion general, el ejecutivo japonés ha manifestado que exigirá el pago de indemnizacones a Tepco. Y claro, eso... Ya, ya, ya, ya lo sabemos. Ya sabemos que eso acabará como lo de Boliden y la balsa de Aznalcóllar, pero la intención es lo que cuenta. Que una radio es una radio. Y yo... yo sigo pensando que este alcalde, la ha “cagao”, pero bien cagada. Que un radiotransistor, siempre será mejor que nada.